Los medios de transporte públicos en Buenos Aires son básicamente tres: ómnibus (colectivos, para los porteños), subterráneo y taxi. Hay también algunos trenes suburbanos con estaciones en la Capital, pero son más útiles para viajar a los suburbios.
El tránsito porteño es caótico. Los porteños son malos conductores que creen ser muy buenos, así que es poco recomendable alquilar auto, a no ser que tenga pensado viajar fuera de la ciudad. Si no, la combinación entre taxi, subtes y colectivos le alcanzará para moverse con relativa rapidez y eficiencia, a bajo costo, por la ciudad.
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Cada colectivo es un número y es también una combinación de colores. Y esa es la forma en la que están escritas en el imaginario porteño cada una de las 140 líneas que recorren a diario las calles de Buenos Aires. De modo que cuando uno decide preguntar qué colectivo puede tomar para ir desde Plaza Italia a Barracas, la respuesta seguramente contendrá una doble información: el 39, de color marrón. Esta es, quizá, una de las primeras máximas que conviene saber sobre este medio de transporte. Y un punto diferenciador con otras ciudades del globo: la distinción de las líneas –es decir, de los recorridos- a partir del color de la carrocería.
La segunda máxima dice que para llegar de un lugar a otro de Buenos Aires, seguramente hay una o más líneas de colectivos disponibles. Y que dependiendo de cuál fuera ese lugar al que queremos llegar, conviene considerar una combinación con el Subte o un taxi para ganar en tiempo y en comodidad. Esto es especialmente recomendable cuando la ruta o la parada final involucra al centro.
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