Los medios de transporte públicos en Buenos Aires son básicamente tres: ómnibus (colectivos, para los porteños), subterráneo y taxi. Hay también algunos trenes suburbanos con estaciones en la Capital, pero son más útiles para viajar a los suburbios.
El tránsito porteño es caótico. Los porteños son malos conductores que creen ser muy buenos, así que es poco recomendable alquilar auto, a no ser que tenga pensado viajar fuera de la ciudad. Si no, la combinación entre taxi, subtes y colectivos le alcanzará para moverse con relativa rapidez y eficiencia, a bajo costo, por la ciudad.
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Cada colectivo es un número y es también una combinación de colores. Y esa es la forma en la que están escritas en el imaginario porteño cada una de las 140 líneas que recorren a diario las calles de Buenos Aires. De modo que cuando uno decide preguntar qué colectivo puede tomar para ir desde Plaza Italia a Barracas, la respuesta seguramente contendrá una doble información: el 39, de color marrón. Esta es, quizá, una de las primeras máximas que conviene saber sobre este medio de transporte. Y un punto diferenciador con otras ciudades del globo: la distinción de las líneas –es decir, de los recorridos- a partir del color de la carrocería.
La segunda máxima dice que para llegar de un lugar a otro de Buenos Aires, seguramente hay una o más líneas de colectivos disponibles. Y que dependiendo de cuál fuera ese lugar al que queremos llegar, conviene considerar una combinación con el Subte o un taxi para ganar en tiempo y en comodidad. Esto es especialmente recomendable cuando la ruta o la parada final involucra al centro.
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María Eva Duarte Ibarguren nació en 1919 en el pueblo bonaerense de Los Toldos, y llegó a la Estación Retiro con apenas 15 años, pretendiendo la glamorosa vida de las divas de cine. Más tarde debutó en un vodevil del viejo Teatro Comedia de la calle Pellegrini 248, trabajó en el teatro Cómico (hoy Lola Membrives, Corrientes 1280), incursionó en el radioteatro y en el cine. Pero su mayor reconocimiento artístico fue póstumo: recorrió el mundo en formato canción (No llores por mí, Argentina llegó al musical de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber) y fue interpretada por Madonna para la película de Alan Parker.
Destinataria del mito, Buenos Aires la evoca en citas urbanas: hay sitios donde perviven memorias épicas, homenajes y apariciones. Te invito a conocerlos.
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